Imprint / Data Privacy

Junto a las curadoras de la XI Berlin Biennale

Lisette Lagnado & Renata Cervetto

Lisette Lagnado: En 2017 editaste junto a Miguel López la publicación Agítese antes de usar. Desplazamientos educativos, sociales y artísticos en América Latina. Pensas que los países del Sur tienen una práctica que los distingue en términos pedagógicos?

 

Renata Cervetto: Con esa publicación intentamos dar cuenta de prácticas artístico-pedagógicas que se han venido desarrollando durante los últimos treinta años en distintos contextos tanto latino-americanos como fuera de ellos. Fue importante para nosotros traducir al español textos que circulaban sólo en inglés y portugués y abrirlos a potenciales nuevos lectores. A que te refieres con “una práctica pedagógica distinta”. ¿Distinta en relación a qué? 

 

LL: Me refiero a Berlín, donde estamos viviendo y trabajando ahora. Me pregunto cómo armar un programa curatorial a partir de nuestra perspectiva latinoamericana para un público que ya de por sí tiene una oferta abundante de actividades. 

 

RC: Hay ciertos contextos que lamentablemente son comunes en varios países de Latinoamérica, como por ejemplo en relación a la economía inestable, la corrupción en la política, la falta de acceso a la educación, la disolución de lenguas y tradiciones pre-hispánicas, el aumento de la pobreza y los niveles de indigencia. Si pensamos como contraparte al continente europeo, asiático o Estados Unidos, quizá podemos decir que hay un claro resurgimiento de políticas de derecha y conservadoras al igual que en nuestra región. Pero volviendo a las prácticas artísticas y pedagógicas: yo creo que éstas surgen en respuesta a un determinado contexto en donde urge ponerlas en práctica para re-pensarnos a nivel colectivo e individual, en vez de quedarse meramente en un plano intelectual sin acción.

 

LL: Sí, de hecho en Brasil sucede algo por el estilo. Con el abandono de políticas públicas, las cosas quedaron en tal estado de precariedad que los proyectos educativos migraron para movimientos sociales que luchan por derechos a la vivienda y por una ciudad con acceso a trabajar cuestiones psicológicas; reuniendo artistas, urbanistas, abogados, psicoanalistas y activistas. Este es el caso, por ejemplo, de la Clínica Pública de Psicoanálisis y de la Casa Chama (São Paulo), o la iniciativa Lanchonete < > Lanchonete (Rio de Janeiro), por sólo mencionar algunas.

 

RC: Podemos sentir esa fragilidad en nuestras democracias en muchísimos aspectos que hacen al día a día. Instituciones públicas como hospitales y escuelas que caen a pedazos, docentes que no cobran sus sueldos, entre muchas otras. Creo que éstas prácticas pedagógicas y artísticas proporcionan vías alternativas para generar herramientas críticas que nos ayuden a atravesar los desafíos de vivir en sociedades que premian el individualismo, incentivan la competencia, el desafecto y toman el cuerpo como un mero objeto.

 

LL: Decidimos que la 11ma Bienal de Berlín de arte contemporáneo no tendría la estructura de un “educativo” restringido al período de exposición (De Junio a Septiembre del 2020). Vamos a inaugurar la primer sede en el barrio de Wedding nueve meses antes. Este espacio será para pensar colectivamente, escuchar, debatir y mostrar procesos. ¿En qué medida esa forma de “programa público” permite una conexión mas concreta con la realidad de una ciudad que nos es desconocida hasta en su lengua?

 

RC: El espacio en Wedding nos dará la posibilidad de poder desarrollar nuestra labor desde un contexto completamente distinto a las oficinas de KW (Kunst-Werke). Estar presentes en un edificio en el ExRotaprint recuperado por los artistas Daniela Brahms y Les Schliesser, desde 2004 y habitado actualmente por emprendimientos sociales, artísticos y educativos, nos predispone a una presencia activa en el lugar, con la gente y vecinos que compartimos espacio. No puedo pensar nuestra iniciativa solo como un “programa público”, ya que atraviesa otras esferas de compromiso. El invitar a dos artistas latinoamericanos que, junto con agentes locales y nosotras, experimenten ese espacio implica un “estar aquí, presente”.

 

LL: En mi caso, trabajar con la distancia de una lengua extranjera se ha convertido en un proceso de desapego: dejar a un lado la comodidad de un contexto conocido y mínimamente controlado, desapegarse de la precisión de los significados y dejarse envolver por una niebla de sentidos fluctuantes. Entretanto, los malos entendidos me preocupan... 

 

RC: Jacotot diría que el lenguaje no es impedimento para aprender cosas nuevas. Cuando alguien me habla en alemán intento comprender apelando a otras herramientas. Trato de rescatar una palabra que me arme el sentido de la oración o leo los gestos de la persona. Claro que esto no es suficiente para comunicar contenidos más específicos a un grupo mayor de personas, pero contamos con aliados locales. Me gusta pensar cómo se generan los lenguajes quebrados, que dan la posibilidad de repensar usos y apropiaciones de las palabras que llevan a nuevos conceptos. La Bienal que curaste en Sao Paulo en 2006, “Cómo vivir juntos”, también tuvo una duración más larga de los meses estipulados para la exposición en sí. ¿Cómo llegaste a esa decisión siendo esa bienal una de las más visitadas por escuelas y espacios educativos en la ciudad? ¿Cómo pensabas al público en aquel momento?

 

LL: Es preciso saber que aunque la visita de escuelas es masiva, el número de visitantes no refleja necesariamente la calidad de una experiencia. La 27ma Bienal de São Paulo que yo curé fue precedida por un ciclo de seminarios internacionales que tenía la intención de involucrar a la ciudad como un todo y disminuir el carácter de “exposición-espectáculo”. Esta Bienal, creada en 1951, permaneció anclada en valores modernos y euro-centristas a lo largo de sus ediciones. Hasta el 2006, la elección de artistas estaba basada en representaciones nacionales, pasando por órganos oficiales y embajadas. Este estado se fue revirtiendo con el fortalecimiento de los museos, que comenzaron a hacer exposiciones de artistas históricos, dejando el camino libre para una Bienal más experimental. Pero yo diría que el mayor factor de democratización y acercamiento de la Bienal fue que su entrada dejase de tener un costo, que sea totalmente gratuita.

 

RC: En relación a las barreras del lenguaje para la comunicación diaria, ¿Cómo imaginás  los procesos de traducción que se pueden poner en práctica en este espacio? Y siendo la escritura y la lectura algo fundamental en tu práctica como curadora, ¿cómo pensas que esas herramientas podrían conducir a otros paisajes linguisticos compartidos?

 

LL: La riqueza de los términos filosóficos y psicoanalíticos en alemán nos planteó una problemática con el término "experiencia" [Erfahrung y Erlebnis]. Ninguno de estos términos se adecua a lo que queremos transmitir en términos de "experimentalidad artística". Hemos hablado de proponer reuniones de traducción, trayendo textos que se discutirán en conjunto entre los idiomas español, portugués y alemán. Esto puede funcionar bien para discutir las matrices culturales del original y aprender en colectivamente a partir de la sensibilidad de cada uno.