Estimados colegas de la cámara frigorífica,
Cuando pierda los dedos por congelamiento, mi huella digital será tres perfiles de LinkedIn incompletos.
Golpe descomunal contra una torre de pallets. Apenas siento nada (todavía). Cuando el dolor tarda mucho en aparecer, sabes que va a ser insoportable. Me quedaré cojo. Ojalá sea una cojera divertida que me aporte un carácter pirata sin provocar pena.
El hormigueo, pros y cons. Pros: el aviso de un placer inminente. Cons: presagio de estar perdiendo la sensibilidad de un miembro cada vez que pedaleo los diez kilómetros que me separan del supermercado fantasma.
Solo necesitaré usar pañales para dormir; durante la jornada laboral mi vejiga se olvida, aunque esté a punto de reventar. En mis sueños humedecidos encadené a mi jefe a una estantería industrial y le obligué a verme hacer dibujos con un potente chorro de orina sobre las paredes del centro logístico. Después salí del polígono cabalgando un corcel blanco robado del club de hípica.
La dismorfia son unas botas de seguridad con punta de acero y una chaqueta de invierno sudada por un compañero.
Media hora de pausa dos veces al día para comer y cenar, comer y comer o cenar y cenar. Todo vale bajo las luces fluorescentes tono ganadería intensiva. En la cantina cocinan platos con productos que están a punto de caducar que retornan a la cámara frigorífica dentro de mi tripas con sobrecrecimiento bacteriano.
Ha vuelto el sabor metálico. Empieza a ser obvio que la dirección ha descubierto las ensoñaciones en las que hago volar por los aires el centro logístico y me está envenenando a cuenta gotas para eliminarme sin que nadie se dé cuenta.
El sarpullido como canto de sirena. Babe, are you okay? You barely te rascaste hasta sangrar. El planeta estará ardiendo, pero aquí hace más rasca que en una pista de ski indoor.
Inventan un chip cerebral que intercambia los acúfenos crónicos por un sonido a elección del usuario. La gama de opciones ha de ser amplia: desde el piar de unos pájaros al amanecer hasta una compilación de episodios de Cuarto Milenio.
Siempre que cierro los ojos llevo impreso el negativo de la cámara frigorífica tras los párpados. En esa imagen invertida también están grabadas las siluetas de mis compañeros, trabajando al buen ritmo exigido por los jefes. Si fuera capaz de escudriñar lo suficiente, esa imagen me daría cuenta de que a vosotros también se os están desmigajando los cuerpos, pero se me acaba de empeorar la miopía.
A veces imagino que bloqueo la puerta de la cámara frigorífica y que quedamos todos encerrados en ella para siempre. Hay comida para aguantar unas cuantas semanas antes de que empiece lo de comerse unos a otros.
Saludos Cordiales,
Miguel Guevara Parra
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Credit: Miguel Guevara Parra