Sobre una carta astral se extiende una figura sin género ni rasgos familiares, dos orejas enormes, y una larga forma que le entra por una de ellas. La figura sonríe, mientras otra se multiplica, sobre un papel, sobre el vidrio de un kiosco que guarda una pintura que parece estallar en multiversos.
Estas obras de Justin Caguiat, presentadas por la Fundación Sandretto Re Rebaudengo, y comisariadas por Hans Ulrich Obrist, se instalaron en el Mercado de Moratalaz al norte de Madrid y en la Iglesia de Santa Ana y la Esperanza, diseñada por Miguel Fisac (1993–2026). La exposición, titulada Zodiac Machine, despliega una visión unificada e inspirada en la filosofía de Justo Gallego Martínez (1960–2021). Su libertad creativa fue motor de una catedral a base de materiales reciclados, que más que un ideal, se siente como una grieta que Caguiat abre hacia lo opuesto. Zodiac Machine toma la devoción de Justo como punto de partida, produciendo formas generativas e insostenibles. La nave cavernosa de la iglesia brutalista devora las pinturas, mientras éstas flotan en el mercado y en la dinámica democrática que se pierde en la religión. Caguiat reúne gestos anarquistas inspirados en iconográficas constelaciones; es en este caos donde el título cobra sentido, a pesar de su Spleen.
Justin Caguiat, installation view, Zodiac Machine, Santa Ana y la Esperanza Church, Madrid. Courtesy the artist; Fundación Sandretto Re Rebaudengo, Madrid; Greene Naftali, New York; and Modern Art, London
La experiencia de quienes visitan esta parroquia —nada turística hasta este momento— transcurre entre lo lúdico y lo incómodo. Las obras de Caguiat —con sus extremidades desmesuradas y sus pinturas que se pliegan sobre su propio anacronismo— parecen aludir a la vigilancia y la escucha, como si el espacio mismo estuviera atento a esa fricción. Las obras son testigos de una expansión de los límites museográficos, donde lo público, lo privado, lo monumental y lo marginal se rozan sin llegar a reconciliarse. La apertura de la fundación trae a visitantes burgueses, adinerados, que crean un contraste inquietante en un mercado de habitantes mucho más discretos y humildes.
Este contraste funciona casi como un microcosmos de la semana de arte en Madrid. Es, a su manera, un anticipo de la circulación internacional que ARCOmadrid pone en marcha, donde la feria no solo moviliza obras, sino también cuerpos, afectos y expectativas. La ciudad se convierte entonces en un espacio híbrido; la iglesia y el mercado como extensión material del gigante de IFEMA, donde la escala colosal de la feria encuentra su contrapunto en los detalles y las fricciones del barrio, y donde la precariedad del espacio público se muestra como fertilidad para la imaginación.
Vista de la exposición LOVE THAT BIRD. Galería Juan Silió, Madrid, 2026. Fotografía: Roberto Ruiz.
La feria despierta a la ciudad en su polos opuestos, desde Barajas hasta Móstoles. La noche de galerías en Lavapiés, barrio icónico de Madrid, nos trasladó a la obra de Carlos Irijalba en la Galería Juan Silió con su exposición LOVE THAT BIRD. El corazón de la muestra está en el sótano con una película que sintetiza la relación entre aerodinámica, mecánica y política. Aves orientándose por magnetismo terrestre, humanos acercándose al sueño de volar mediante réplicas de aeronaves pesadas, pilotadas aquí por jubilados de prominente barriga, mientras halcones cosificados observan desde el reverso. Irijalba articula la relación entre naturaleza y humanidad como un impulso rítmico y universal, recordando que la migración y la orientación preceden al concepto humano de frontera. El espacio expositivo y la instalación cinematográfica activan la percepción del presente como un flujo continuo, donde el tiempo y la materia se entrelazan con lo político y lo poético. El arte deviene laboratorio de resistencia y observación, una forma de leer la historia industrial y la geografía de los cuerpos a través del gesto y la memoria. La obra no se puede comprar, ya que está realizada a partir de un sin número de videos en Youtube.
ARCOmadrid 2026 se impone como marco internacional, tan masivo como rizomático. La feria reunió del 4 al 8 de marzo en IFEMA Madrid a 95.000 visitantes, 1.300 artistas y 200 galerías. Así que ARCO es enorme, pero una feria de arte contemporáneo no se mide por su escala, sino por los detalles que la componen. Maribel López, directora de la feria, fue galerista en Berlín antes de tomar las riendas de este gigante. Y como ex galerista sabe lo que las galerías necesitan: reconocimiento. La feria no se limita a ser un escaparate; funciona también como un laboratorio de relaciones simbólicas y económicas, donde la circulación del capital se entrelaza entre precariedad y visibilidad, anonimato y reconocimiento, en una coreografía que pone a prueba la capacidad de las obras de sostener sentido frente al público general.
Victor Jaenada. Árbol-joya de una genealogía de lo flamenco, 2025. Site specific sculpture. Courtesy of Spiritvessel.
Entre las secciones que reflejan esta reflexión, destaca la sección Openings. Nuevas galerías bajo la curaduría de Anissa Touati y Rafael Barber Cortell. Consta de 18 galerías jóvenes, desde Atenas a Tbilisi, pasando por Buenos Aires, Bombay, Lisboa, Londres, San Sebastián y otras ciudades. Más que un panorama unificado, la selección traza un mapa fragmentado de prácticas que comparten un “estado de presente”, es decir inestabilidad, aceleración y dificultad para proyectar futuros estables. Las obras se articulan entre precariedad estructural, visibilidad acelerada y exposición constante. El arte se vuelve un ensayo colectivo, un laboratorio de relaciones, afectos y geografías temporales, donde centro y periferia se disuelven y las comunidades son móviles y efímeras.
En la galería Spiritvessel (Espinavessa, Empordà), Víctor Jaenada presenta su más reciente obra, Árbol-joya de una genealogía de lo flamenco (35.000 €). Se trata una escultura de cuatro metros de altura que ocupa el espacio con su presencia giratoria y frágil al mismo tiempo. Activado por un pequeño motor similar al que se usa en las bolas de discoteca, el conjunto funciona como un gran móvil suspendido. Su tronco retorcido, trabajado en una filigrana compleja de carbón y cerámica, se abre en ramas que sostienen decenas de pequeños objetos colgantes. A medida que el mecanismo gira lentamente, estos fragmentos describen un movimiento circular continuo. Entre las “hojas del árbol” aparecen materiales y formas heterogéneas, son trozos de madera, tubos metálicos, espejos, pequeñas piezas de cerámica, etiquetas, palabras, restos orgánicos, llaveros, fragmentos de vidrio. Como señala Sira Pizà, la galerista y reconocida productora de proyectos de artistas de la talla de Sol Calero, el árbol genealógico es el diagrama clásico de la ciencia de la ascendencia, un intento de ordenar lo que en realidad crece de forma imprevisible. Jaenada invierte esa lógica, así en lugar de fijar un origen o una pureza, el árbol se convierte en suspensión.

Mikołaj Sobczak,
Annunciation, 2023. Courtesy of Capitain Petzel
Además de las galerías jóvenes, las galerías establecidas traen obras que abordan directamente la vida cotidiana y el capitalismo cognitivo, como la monumental Annunciation (2023) de Mikołaj Sobczak (entre 20.000 y 30.000 €) representado por Capitain Petzel; o el diálogo entre un tríptico de fabulosos dibujos de Miriam Cahn y los bronces sobre momentos de desvestimiento de June Crespo (20.000 - 25.000 €) en un stand íntimo compartido por las galerías Ehrhardt Flórez y Meyer Riegger. Por un lado, Sobczak retoma uno de los motivos más codificados de la historia del arte occidental —la anunciación bíblica— para desarmarlo y reconstruirlo como una escena colectiva, teatral y política en un centro médico donde parecen distribuirse inyecciones y miradas oscuras, sigilosas y oníricas. Por otro, Cahn y Crespo arrebatan momentos de vulnerabilidad inoportunos, inesperados e invisibles.
Pienso en ellas, y en Sobczak, cuando me acerco a Escena. Personajes a la salida de un concierto de rock (1979) de Guillermo Pérez Villalta en la cuarta planta del Museo Reina Sofía. El cuadro pertenece a una generación de artistas, críticos y galeristas asociada al fenómeno conocido como Nueva Figuración Madrileña, que impulsó un cambio en el panorama artístico español, reivindicando el valor de la pintura concebida desde una visión libre y subjetiva, frente a las prácticas artísticas conceptuales dominantes en la década de los setenta del siglo pasado.
Guillermo Pérez Villalta, Escena. Personajes a la salida de un concierto de rock, 1979.
El Museo Reina Sofía cuenta esta historia del arte y de la contracultura a partir de una selección de obras de la colección nunca presentada antes. Esta nueva reordenación abarca desde el cómic y la ilustración hasta la performance callejera, dando visibilidad a múltiples subjetividades que habían permanecido ocultas bajo el franquismo, y que hoy se pueden reconocer no solo en vestigios materiales de estas comunidades, sino también en la radicalidad transicional de sus prácticas performativas, precursoras de muchas actitudes que el arte contemporáneo adoptaría después.
Visitantes profesionales expresaron su admiración por la apertura y sensualidad que otorgan los espacios que muestra el museo, sin releer el pasado buscando un espejo para los retos actuales, sino más bien dando a conocer cómo navegar la incertidumbre que nos visita, una y otra vez, en la constelación geopolítica mundial de turno.
En este contexto de trabajos colectivos, experimentales y llenos de detalles, se entregaron los premios de ARCO. Este año, el Emerige–CPGA Prize 2026 dotado con 10.000 € fue otorgado a Sofía Salazar Rosales y a su galería ChertLüdde, y fue compartido entre artista y galería. El jurado, compuesto por Béatrice Charon, Hiuwai Chu, Laurent Dumas, Alejandro Lázaro, Imma Prieto Carrillo y Markus Reymann, destacó la fuerza y madurez de su práctica, así como la relación de acompañamiento genuino entre artista y galería. El reconocimiento refleja tanto la calidad de la obra como la capacidad de construir una práctica artística sostenida y libre.
Sofía Salazar Rosales, Travesías de una lágrima, 2026. Cortesía de la artista. Vistas de la exposición, C3A, Córdoba. Fotografía de Pablo Ballesteros
Tomé un tren a Córdoba para ver Travesías de una Lágrima, en el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía o C3A, para profundizar sobre la obra de Sofía Salazar Rosales, ganadora del premio. Ella despliega en su exposición un entramado de migración, arquitectura y símbolos. Rejas documentadas en Cuba se reproducen en cartón, resina, vidrio y parafina, evocando precaución, miedo y protección espiritual. Los colores se asignan a distintos orishas, trasladando los rituales al espacio urbano. La artista nos recuerda que los objetos cotidianos —tronquitos de bananas, vigas IPN, placas metálicas— son portadores de historias y memorias. Cada gesto y cada material devienen medida de resistencia, formas de habitar el presente y narrar experiencias colectivas. La relación entre industrial y artesanal, global y local, memoria y migración se vuelve inseparable de la experiencia de tránsito. Por eso, la ciudad, el tren, la feria, la galería y la exposición se interrelacionan como redes afectivas que nos enseñan a mirar el mundo desde la precariedad como acto fértil.
Las rejas, las lágrimas de cartón, los colores y las esculturas antropomorfas funcionan como habitantes de la exposición. Y nosotros, visitantes, nos convertimos en pasajeros obligados a tomar decisiones sobre cómo ver y transitar el espacio. En un gesto barroco y cuidadoso, Salazar Rosales produce un laboratorio donde el tiempo se acumula, se documenta y se transforma en presencia política. Cada pieza contiene múltiples capas de historia: colonialismo, comercio, migración, ritual, economía doméstica, modernidad industrial. La obra es, simultáneamente, arqueología y prospectiva, registro de lo que fue y mapa de lo que puede llegar a ser.
Sofía Salazar Rosales, What does the city hide in a hug?, 2023; Installation view of the Artist’s Degree Show, Beaux Art, Paris, 2023.
El arco de Madrid a Córdoba se cierra con una obra de Salazar Rosales que da título a esta reflexión, Lo que esconde una ciudad en un abrazo (2023). Con sus materiales mixtos —yeso, malla de alambre, cartón, resina de poliéster, fibra de vidrio y limaduras de hierro— la pieza condensa el gesto de transitar, observar y sostener memoria. Lo que emerge es la constelación de prácticas, ilusiones, archivos y objetos que, en conjunto, revelan que el arte contemporáneo no se mide por su escala, sino por su capacidad de traducir la complejidad de lo vivido.
La semana de arte se convierte en un abrazo de ciudad a ciudad, donde la precariedad, la memoria y la creación se entrelazan, y donde los vínculos transgeneracionales y translocales generan modos de resistencia y pertenencia.
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JUSTIN CAGUIAT
Zodiac Machine
Hasta el 1 de abril de 2026
LOVE THAT BIRD
Carlos Irijalba en la galería Juan Silió
Hasta el 14 de marzo de 2026
COLECCIÓN. ARTE CONTEMPORÁNEO: 1975 - PRESENTE
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Edificio Sabatini, Planta 4
Desde el 18 de Febrero, 2026
TRAVESÍA DE UNA LÁGRIMA
Sofía Salazar Rosales en el C32 Andalucía
Hasta el 17 de mayo de 2026
ARCO MADRID
Took place from 4 to 8 March at IFEMA MADRID. International contemporary art fair with 95.000 visitors, 1.300 artists and 200 galleries. See you in March 2027
- Cover Image:
Justin Caguiat, Zodiac Machine, 2026, film still. Courtesy of the artist and Fundación Sandretto Re Reubadengo Madrid; photograph: Brendan Jaks