Conocí a Carlos Velasco durante la construcción de la obra Feathered Changes para el nuevo edificio del museo LACMA en Los Ángeles, California. Carlos trabaja para Trademark Concrete, una empresa especializada en tratamientos de superficies de concreto en exteriores. Durante los últimos dos años hemos colaborado estrechamente. Los tratamientos que propuse para el concreto no se habían hecho antes; junto con Carlos y su equipo, encontramos soluciones que le dieron vida a la superficie. Las manos, el cuerpo y la creatividad de todos están impresas en este concreto.
MCD: Carlos, después de todo este tiempo trabajando juntos en Feathered Changes para el LACMA, al fin tenemos un momento para sentarnos y platicar con calma. Me gustaría empezar por su historia: ¿cómo llegó usted a California? ¿Cuántos años tenía cuando llegó?
CV: Llegué en el ’89. Tenía casi 17 años.
¿Y cómo empezó a trabajar aquí?
Dejé Colima, uno de los Estados de México, situado en la costa del Pacífico y rodeado por Jalisco y Michoacán, para trabajar en Los Angeles. Empecé en distintos oficios. Primero trabajé en una tienda de donas, luego en una zapatería. Después, con mis primos, entré a la construcción. Así fue como empecé.
¿Con sus primos?
Sí. Me dejaban hacer las labores básicas. Poco a poco fui subiendo: primero como ayudante, luego como aprendiz de cementero, y después en posiciones mayores dentro de la constructora.
¿Qué es lo que más le gusta de la construcción?
Me gusta todo lo relacionado con la construcción, pero especialmente el trabajo decorativo y el detalle, porque ahí se nota la mano de quien lo hace. Empecé trabajando con un joven americano, muy buena gente, que me trató como parte de su familia. Con él aprendí mucho. Hacíamos modelos de casas en Newport Beach, California, y primero fui su aprendiz, luego su segunda mano, y después trabajé como cementero a su cargo. Con él empecé a entender realmente los detalles del concreto: cómo elegir el tipo adecuado según el trabajo, cómo preparar la mezcla, cómo aplicarlo y cómo conseguir distintos acabados. Aprendí a usar técnicas como el pulido, el texturizado, y los tratamientos químicos para resaltar la superficie. Antes se usaba mucho ácido para trabajar el cemento, lo que requería cuidado y precisión porque podía dañar la pieza si no se manejaba bien. Ahora se usa más el Topcast, que permite acabados más consistentes y duraderos, aunque el ácido todavía se aplica en ciertos trabajos para efectos específicos. Trabajar con concreto no es solo ponerlo; es conocer sus tiempos, cómo reacciona al clima, cómo se adhiere a moldes, cómo lograr texturas y detalles que sean estéticamente precisos y, al mismo tiempo, resistentes. Cada superficie tiene su propio carácter y hay que leerla, cuidarla, y darle vida con técnica y creatividad.
Images courtesy of the artist
Los detalles son clave.
Sí, totalmente. He tenido la oportunidad de trabajar en proyectos muy importantes donde cada detalle cuenta. Cada trabajo es distinto y siempre se aprende algo nuevo. Para mí, estas experiencias han sido de las más valiosas de mi vida.
Pero creo que una de las experiencias más significativas ha sido trabajar en un proyecto tan grande como el suyo. Siento que va a ser histórico.
Va a perdurar mucho tiempo, eso seguro.
Sí. Uno vuelve a muchos lugares donde trabajó y ve que todo permanece: las casas, los detalles, el cemento… todo sigue ahí. Por eso este proyecto tiene tanto valor para mí. Feathered Changes va a estar ahí por muchos años. Haber participado, intentando entender su pensamiento y traducirlo en el concreto, ha sido muy significativo. Me siento afortunado por la coordinación que hemos tenido.
Yo también creo que hubo una buena coordinación. Aprendí mucho de usted, porque siempre encuentra soluciones creativas para los detalles.
Siempre tratamos de dar lo mejor de nosotros. Además, tenemos un equipo muy dedicado: cada persona aporta ideas y realmente disfruta su trabajo. Esa motivación hace que se forme un grupo sólido y eficiente, un equipo excelente que hace bien su labor y se preocupa por cada detalle.
Sí, y creo que la compañía debería sentirse orgullosa de nosotros. Hemos hecho trabajos distintos, con mucha creatividad en los detalles. Por ejemplo, la soga impresa en cemento que estamos haciendo nunca se había hecho antes. Son soluciones que se inventan en el momento, resolviendo problemas sobre la marcha. Al final, lo que hacemos aquí también es arte, y eso nos da mucho orgullo.
Image courtesy of the artist
Yo también aprendí mucho. Nunca había trabajado en algo así, y junto con usted aprendí a encontrar soluciones sobre la marcha.
A mí me gusta mucho la comunicación que hemos tenido, el trato que hemos mantenido. Intentamos que la comunicación con todos sea clara y constante, porque así las soluciones llegan más rápido y el trabajo fluye mejor.
Sí. También quería preguntarle sobre otra cosa que siempre menciona: las plantas y los árboles. Sé que le gusta mucho la vegetación.
Sí, me encanta. Me gusta plantar, hacer injertos, cuidar la naturaleza. Incluso cuando estuve en casa por la recuperación del hombro, aproveché ese tiempo para dedicarme a eso.
¿Y cómo ha visto cambiar la ciudad desde que llegó hasta ahora? Me refiero al paisaje y a la vegetación.
Depende mucho del área. Por ejemplo, en Newport Beach, donde trabajábamos en Pelican Hills, antes había basureros, terrenos baldíos y matorrales secos. Hoy, esos mismos terrenos se han transformado en campos de golf, calles pavimentadas y casas grandes con jardines cuidados. Muchas zonas que antes eran solo vegetación natural —árboles bajos, arbustos, pequeños cañaverales— ahora son desarrollos: casas, apartamentos, condominios y calles asfaltadas. Incluso colinas y laderas que antes estaban cubiertas de vegetación ahora se han nivelado para construir viviendas o áreas recreativas. En Los Ángeles, la población ha crecido tanto que barrios enteros que antes eran vacíos o con vegetación silvestre ahora son urbanizaciones completas, con tráfico, tiendas y centros comerciales.
Image courtesy of the artist
Pero usted todavía mantiene su jardín, ¿no?
Sí. Tengo limones, guayabas, limas, plantas de chile, tomates. Me gusta dedicar tiempo a plantar y cuidar la vegetación.
Después de tantos años trabajando con concreto, ¿cómo ve su familia dentro de este oficio?
Tengo familia que trabaja en construcción. Por ejemplo, otro de mis hijos hace tilt-ups —paredes y estructuras— en otra compañía. No está en la unión, pero quizá en el futuro se una a nosotros como independiente. También tengo primos que se dedican a la construcción; de hecho, uno de ellos me introdujo en este oficio. Ahora él tiene su propia empresa junto con su hijo. Somos una familia bastante involucrada en este trabajo, y cada uno aporta esfuerzo, creatividad y responsabilidad.
Y siempre me habla mucho de sus hijas. Creo que también son muy importantes para usted.
Sí. Tengo dos hijos y tres hijas. Gracias a Dios, todos han crecido sanos y responsables. Mis hijas siempre me apoyan y me tratan con mucho cariño. Me considero muy afortunado de tener una familia así, unida y sólida.
Bueno, también usted y su esposa hicieron una bonita familia.
Sí, mi esposa nos ha apoyado mucho. Tenemos una familia sólida. Tengo una hija especial, la del medio, que tiene síndrome de Down. No está al cien por ciento, pero es independiente y se esfuerza por valerse por sí misma. Mis otras hijas siempre la apoyan, y yo trato de darle tiempo, cuidado y atención. Para mí ha sido una experiencia muy valiosa; me ha enseñado a valorar muchas cosas y a entender cómo criarla para que se sienta plena dentro de la familia.
Y ella es muy cariñosa.
Sí, es muy cariñosa conmigo. Tenerla me cambió la vida; me hizo replantearme muchas cosas y valorar cada momento.
Images courtesy of the artist
Usted siempre me habla de cómo intenta darles espacio a sus hijas y fomentar su independencia.
Sí. Mi mamá trabajaba como enfermera. Éramos solo dos hermanos, y muchas veces yo cuidaba de mi hermano mientras ella trabajaba. Eso me enseñó a cuidar a otros y a ser responsable. Ahora con mis hijos hago lo mismo. Cocino para ellos, también para amigos, comparto lo que sé y enseño a quienes están empezando en la construcción.
Me gusta que comprendan que el trabajo tiene valor y que respetar los derechos laborales —seguridad, horarios, organización y la unión— también forma parte de trabajar con dignidad. Ojalá algún día ellos puedan superarnos, no solo en habilidad, sino también en integridad. Muchos jóvenes nacidos aquí tienen ventajas porque dominan los dos idiomas y conocen la ley; yo hablo un poco de inglés, pero me hago entender. Ellos tienen la oportunidad de crecer, llegar a ser supervisores o líderes, y yo los apoyo en ese camino.
Después de tantos años, el trabajo también se siente en el cuerpo, ¿no?
Sí, claro. Se siente cada día. Me han comentado que podría ocupar un puesto como superintendente, pero la verdad es que no es lo mío. A mí me gusta estar en la construcción, en las ideas, en el trabajo manual, no tanto frente a una computadora.
Construir, más que supervisar desde un escritorio.
Exacto. Disfruto lo que hago, aunque sea pesado.
¿Y cómo cuida su cuerpo? ¿La comida, el descanso?
Trato de comer bien, pero en construcción los horarios no siempre se respetan. A veces uno desayuna rápido antes de empezar. Cuando trabajamos con cemento no se puede tener el estómago vacío, así que organizamos descansos por grupos para que todos puedan comer y continuar trabajando sin retrasar el proyecto.
Y luego tiene que regresar a su casa. ¿Cuánto le toma?
Depende del tráfico. Son unas 60 millas, aproximadamente una hora, pero si hay mucho tráfico puede ser hasta dos o tres horas. Cuando vamos a Santa Bárbara nos pagan hotel y comida, pero aquí manejamos todos los días.
¿Escucha música o radio en el camino?
Sí. A veces hablamos, escuchamos música. Cuando el camino es largo, trato de aprovechar para comunicarme más con mi hijo y hacer el viaje más entretenido. Pero siempre con cuidado al manejar y aprovechando el tiempo de la mejor manera.
Le agradezco mucho, Carlos, por todo este tiempo trabajando juntos y por la oportunidad de conocernos.
Fue suerte y un honor conocerla. Le aprecio mucho y he aprendido bastante trabajando con usted.
Y ojalá también en los próximos proyectos que hagamos juntos.
Ojalá que sí. En lo que pueda, cuente conmigo. Yo también sé que puedo contar con usted. A veces le mando mensajes, pero siempre relacionados con el trabajo.
Sí, ese es el chiste.
Exactamente. Con buena comunicación todo es más fácil. Hemos tratado de hacer el trabajo lo mejor posible, aunque todavía no esté terminado.
Ahora estamos más tranquilos. Antes era demasiado.
Sí. También fue difícil después de la operación en el hombro acostumbrarme a estar en casa después de tanto tiempo activo en la obra. Cuando uno trabaja todos los días, el cuerpo se acostumbra a ese ritmo. Poco a poco he retomado el movimiento con terapia y ejercicios. El cuerpo ya no es el mismo. Voy a cumplir 55 en mayo y cada día se siente un poco más. Pero seguimos adelante.
Espero que cuando la obra esté terminada en unas semanas, podamos caminar juntos por esta plaza, en la que su trabajo y dedicación están impresos. Un ejemplo del valor de la comunidad mexicana en Los Ángeles, y de cómo su labor en las obras públicas nos permite circular por calles, banquetas y parques con orgullo.
//