Al igual que las orquídeas, cuyo significado varía según el color y la especie, la práctica conocida como chemsex también adquiere distintos sentidos según la cultura y el día de hoy exploraremos las particularidades de esta tendencia de la mano de a quien llamaremos Pedro.
A pesar de que el concepto se acuña en Inglaterra a principios de los dosmiles inspirado en la tendencia de consumo de sustancias psicoactivas entre hombres que practican sexo con otros hombres o dicho de otra forma, en las prácticas sexuales entre hombres en las que persiste la presencia de drogas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) no ha emitido una definición oficial del término. Algunas organizaciones de salud pública y asociaciones especializadas como la asociación española OMSIDA describe el chemsex como el consumo intencional de drogas para mantener relaciones sexuales durante un periodo prolongado, que puede variar desde varias horas hasta varios días.
Una particularidad que tiene el concepto anglosajón de chemsex es que sólo reconoce la práctica si se usan específicamente metanfetaminas, GHB, ácido gamma-hidroxibutírico y su precursor gamma-butirolactona usados como desinhibidores y potenciadores sexuales, mefedrona, ketamina y poppers, pero al platicar con a quien llamaremos Pedro, para proteger su identidad, hombre mexicano en sus 40s, afirma que antes de que se popularizara este concepto o al menos, que él supiera que existía, el llevaba ya casi una década en la Ciudad de México llevando a cabo prácticas sexuales acompañadas de consumo de sustancias sin que eso que él hacía fuera “etiquetado” como chemsex, o ningún otro nombre anglosajón que refiriera, aunque fuese de manera simbólica, a hombres blancos del mundo desarrollado, siendo ellos los modernos, y quienes marcaban la tendencia de “coger y echarte una tacha”.
Al preguntarle el por qué, o para qué, Pedro refirió; “Al principio, era sólo explorar, pero al haber sentido un placer inigualable e inimaginable al usar varios tipos de sustancias al “coger”, después ya no imaginé las relaciones sexuales sin drogas, y ya después, yo lo que buscaba era el riesgo, llegamos a un punto donde erotizamos el riesgo”.
Al platicarme sobre estas razones, Pedro sonreía reviviendo el momento y viéndome fijamente a los ojos con una sonrisa pícara pero a la vez dulce y me dijo con certeza infalible; “honestamente yo no buscaba ni siquiera me imaginaba que podía sentir ese grado de placer”, me confesó que solo estaba explorando y no le vio nada de particular, o mucho menos conceptual a “darse un tacha” y luego querer coger…
Mientras recuerda con tintes de añoranza los años, sus veintes, en los que iba al antro y salía de ahí con una o las personas que se fueran uniendo para tener sexo después de la fiesta, o mejor dicho, como parte de la fiesta, incluso bromeamos sobre ésta porra bizarra que cantamos los mexicanos en algunas fiestas e incluso bodas; “si nos organizamos cogemos todos”, nos reímos y concordamos que ya bien “pedos”, el deseo del placer y el riesgo se generaliza entre las masas.
Hay dos ingredientes esenciales que sirven de combustible para esta práctica, uno es el placer fisiológico bien sabido que generan las sustancias en el cerebro humano y que Pedro encontró sin buscarlo específicamente, y el otro es el riesgo que, al practicar sexo acompañado de drogas, no sólo le provocó una libertad tan grande que diluye absolutamente todo, incluso los cuidados básicos que han puesto en riesgo su salud, su estabilidad económica, emocional y mental.
Sin embargo en el caso de Pedro, y gran parte de la escena gay, y como él mismo la auto nombra; “entre los hombres gay, putos, maricas, jotos”, ejercer la sexualidad se aprende a través del riesgo; “Toda mi vida mi sexualidad ha tenido que ver con el riesgo, el riesgo a que me cacharan, el riesgo de adquirir VIH, todo era riesgo, todo era malo y sin embargo lo hice, el riesgo de varios tipos siempre ha formado parte de mis prácticas sexuales y a través del riesgo he procurado placer, o sea, si tu me dices, reduce el riesgo, para mi es reducir el placer y yo no estoy dispuesto a eso”.
Por el momento, Pablo decidió que iba a dejar a un lado el consumo de sustancias, porque al haber llegado a un consumo problemático que lo llevó a estar dos veces en un centro de rehabilitación residencial, asegura con dolor en sus ojos que; “lastimé a las personas que más amo, especialmente a mi pareja, sin él, no podría estar hoy aquí, ni hacer todo lo que hago, lo hice, gracias a él y por él”.
A pesar de lo anterior, Pablo no sataniza el consumo de drogas con o sin prácticas sexuales, tampoco asegura que su abstinencia total vaya a ser permanente y reconoce de manera absoluta y contundente que las prácticas sexuales con el uso de sustancias siempre serán abismalmente más placenteras, satisfactorias y liberadoras que sin ellas.
Un factor muy importante que no menciona Pedro y que al investigar bibliografía para poder escribir este texto, es que la tecnología al menos en Inglaterra, el uso de aplicaciones como Grindr, se torna esencial en la práctica del chemsex.
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Cover: María Portilla, Bodegón del Vicio Londinense, 2024, photo by Aldo Ayllón, Copyright María Portilla