Es como si una tormenta de arena hubiera atravesado el lienzo, dejando una superficie frágil y resistente que guarda el susurro de los días pasados. Con polvo de arcilla sobre lienzo, Arturo Kameya crea una piel mate y terrosa donde centellea la fugacidad de la memoria, y una luz fantasmal envuelve los callejones y casas de su infancia en los suburbios de Lima.
Este material porta las huellas de las casas de adobe de su juventud y teje un puente poético entre la sustancia tangible de la experiencia y la naturaleza efímera del recuerdo; entre la realidad vivida y la memoria que la transforma en imágenes temblorosas y desplazadas.
En abril visité su segunda exposición individual en la galería GRIMM durante el Amsterdam Art Week. Titulada The moon wanted to be the sun, but it was too late to change (La luna quiso ser sol, pero ya era demasiado tarde para cambiar), Kameya despliega un panorama de memorias personales, momentos cotidianos y las complejas dinámicas sociales y migratorias entre Perú y Japón: territorios de sus antepasados que envuelven a cualquiera que sabe lo que es vivir en desplazamiento, con intimidad infantil y conciencia política y cartográfica.
Sus escenas entrelazan escenas domésticas e historia pública en un collage donde imágenes de archivo, recuerdos y vaivenes cotidianos dialogan como fragmentos de una crónica polifónica. Esta construcción refleja la tesis de Carlos Rangel en Del buen salvaje al buen revolucionario (1982): la historia de América Latina oscila entre la inocencia idealizada y la instrumentalización política. Kameya desplaza así nociones de vergüenza entre trauma y fábula, entre lo privado y lo público. Cada capa de color se convierte en eco de una provocación socialmente desencadenada.
Fig.1
Los tonos azulados y verdosos, derivados de la paleta de su casa, funcionan como marcadores entre mundos: transmiten estados de ánimo, contexto cultural y momentos fugaces de un pastiche que solo puede ser latino, reflejando las fracturas entre hogar y exilio; un estado que lx pensadorx Mascha Gessen describe: vivir en el exilio es vivir entre lo familiar y lo extraño, entre pertenencia y observación, entre cercanía y distancia.
Estas latitudes no se quedaron varadas en Ámsterdam: GRIMM presentó en Art Basel Statements Every step is a payment in full (Cada paso es un pago completo), instalación inmersiva que examina la instrumentalización del deporte y la educación física como herramientas de modernización. Utiliza archivos históricos y visuales de centros educativos peruanos, creando un espacio casi fantasma. Me recuerda a la obra del pintor guayaquileño Roberto Noboa, en cuyas surreales canchas de tenis resuenan la disciplina y el control social, mientras las acaparan el silencio de la memoria y la tensión del poder en el puerto pacífico.
La obra de Kameya evoca incesantemente la deuda social en Perú —la “culpa” heredada de los marginados desde la época colonial— y el entramado feudal de dependencia, rendimiento y retribución que define nuestro presente. Cada “pago”, cada paso, se convierte en metáfora de un sistema en el que valor, trabajo y reconocimiento están desigualmente distribuidos. Este ciclo alcanza incluso al mercado del arte: el acto de “pagar” representa la deuda negociada entre artista, institución y público, un ciclo de visibilidad, valor y capital cultural.
Fig.2
El pensamiento del filósofo caribeño Édouard Glissant es clave para Kameya: la identidad no surge de una sola raíz, sino de múltiples relaciones. En su concepto de Identidad Relacional habita una ética del entre: la subjetividad entre experiencias, lenguas y memorias, contraponiéndose a los sistemas coloniales y oligárquicos basados en separación y jerarquía, estructuras que Kameya hace visibles en su propia putrefacción.
Las piezas con forma de chaqueta deportiva y las obras de gran formato marcan un cambio técnico y conceptual: controladas en ejecución, pero abiertas a experimentos físicos con la superficie que caracterizaban sus formatos pequeños. El título de la exposición evoca una alegoría agridulce sobre transformación e imposibilidad: un astro que desea cambiar su luz, pero permanece atado a la gravedad de su historia. La obra refleja el dilema de una sociedad aún presa del legado colonial y de jerarquías sociales, incluso mientras busca nuevas formas de autocomprensión.
Como la luna que refleja la luz del sol, el sujeto poscolonial se mueve en un campo de brillo prestado, un sistema de dependencias y reflejos que inunda la esfera del arte. La opacidad glissantiana —el derecho a permanecer inaccesible a la lógica de la luz— se vuelve central: en ella habitan la resistencia y la relación, sosteniendo la diferencia sin disolverse. Así, el título funciona como metáfora de la relación entre periferia y centro, artista y mercado, visibilidad y apropiación. La luz poética de Kameya incide sobre la lógica feudal que persiste, incluso disfrazada de progreso e iluminación.
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- Images:
Cover: Arturo Kameya, Casas y castillos, Houses and castles, 2023
Fig.1 Arturo Kameya, La ley real (se les pide no romper las botellitas), The royal law (Please don't break the bottles), 2023
Fig.2 Arturo Kameya, No fight tonight, just soup in sight, 2025