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BB11 CONVERSATIONS NO. 1

“Solidarity goes beyond a concept; it is a practice.”

This year's Berlin Biennale acts as a reflection on the socio-political weight of the biennial format, while struggling with the deficit that has drastically deepened since the beginning of the pandemic. The exhibition started unfolding slowly in the German capital one year prior to its official opening. The fact that the Biennale's current stage is an Epilogue, reflects on the need to take a distance from the standard jet-set logic of the biennial format and to instead take time to reflect on the value of the human labor of the entire team. By inviting four different curators to move to Berlin and experience the city's infrastructures over a longer period of time, the interpersonal scale was placed as the very centre of the discourse. The responsibility of the curatorial team is thus one that doesn't merely represent the other, but is heavily engaged in the lived experience of everyday life. 

To accompany the inauguration of the Biennale, Arts of the Working Class presents four conversations with the curatorial team, conducted over the past 12 months and printed in our previous issues, but as of now not yet available online. 

Lisette Lagnado: Como responsables de la próxima edición de esta bienal, vivimos hace más de seis meses viviendo en Berlín, no solo armando una exposición de arte, sino también profundamente sumergiéndonos en un día a día lleno de signos, siendo afectadas por fuerzas cósmicas y traumáticas de un contexto occidental, cuya forma de pensamiento se apoya en la dialéctica hegeliana. Para quienes vienen del llamado Cono Sur, dichas fuerzas son parte de su modo de respirar, de una subjetividad colonizada. Como bien lo dice Paul B. Preciado, la política es un texto de ficción escrito con una tinta de sangre, y ese libro colectivo es nuestro propio cuerpo. Es así como el primer gesto curatorial para actuar en la ciudad toma el nombre Os Ossos do Mundo, título prestado del artista brasileño Flávio de Carvalho quien viajó a Europa en 1934 para participar de los Congresos de Filosofía e Psicotécnica en Praga y se movió con tal premisa en el continente. El año es paradigmático, y una de nuestras primeras ideas consiste en evidenciar analogías entre distintos momentos de crisis de la democracia y corrientes de nacionalismos, de las cuales Carvalho departe.

Agustín Pérez RubioA partir de esta doble identidad que tengo, europea de nacimiento pero latina de estudio y vivencia, puedo entender este espejar los dos momentos históricos, el actual y el de las década de 1930. Aunque es cierto que Europa sigue jugando un papel fundamental en la política donde no ha perdido su vieja hegemonía, también es cierto que su táctica ha cambiado, quizá siendo algo perversa, pues parece jugar de árbitro global, en suspensión. Un árbitro amnésico.

LL: ¿En que sentido hablas de amnesia? ¿Amnesia histórica? ¿Forma esta parte de un mecanismo de protección, o de pérdida de empatía al mundo? 

APRUn buen ejemplo para responder a esto es lo ocurrido hace poco con el Open Arms. El trato por parte de políticos de la derecha ha sido reprochable y lo peor es que no se acuerdan que, muchos de nuestros antepasados fueron inmigrantes en América Latina o Europa, donde se les dio un espacio de trabajo, y se les brindó un futuro haciéndoles sentir como parte integrante de la sociedad. Eso se ve muy claro viniendo de Argentina, como sociedad mixta de inmigrantes italianos, españoles, judíos, armenios y turcos, quienes conformaron una sociedad en la que todos se ven reflejados y se sienten bajo una misma comunidad, siendo fieles a sus diferencias, pero también buscando un acercamiento al otro. Aunque creo que lo que no está resuelto es la relación con las comunidades originarias, con el pasado colonial que se materializó en un gran mestizaje, que sabemos hoy cuán problemático es. 

LL: Si, en Brasil, la máscara del mito de la democracia racial finalmente cayó.

APR: Me pregunto entonces, ¿Cómo y desde donde poder acercarse, y no alejarse del otro? Como percibimos las prácticas de la solidaridad en las prácticas artísticas? 

LL: La solidaridad va más allá de un concepto; es una práctica. En cada punta del sistema da arte hay un agente que cumple un plan político. Sin ingenuidad. Cada persona tiene un proyecto y sino se parte del propio, entonces inscribiéndose dentro del proyecto de otro individuo o una institución. Cuando Julia Bonn e Inga Zimprich con su grupo de investigación Feminist Health Care Research Group se adentran en el circuito artístico y bienales, no están solo tratando de recordar y archivar el pasado reciente de la antipsiquiatría. Me interesa absorber como están interpelando nuestras condiciones de trabajadoras culturales en la labor diaria, trayendo reivindicaciones que eran tabúes para mi generación de mujeres que trabajaban fuera de casa, siendo madres al mismo tiempo. Ese debate - “hacer menos”, “deshacer nuestro perfeccionismo” - tardó. Soy una madre biológica moderna de dos hijos que han crecido gracias a ayudas de madres múltiples. Es verdad que la decolonización de nuestras madres aún solo está empezando.

APRMe pregunto si esa pérdida de solidaridad que nos sentimos tiene que ver con el miedo. Pues la derecha traduce el miedo al extraño que viene a imponer otras formas de vida, el miedo a que te van robar el trabajo, el miedo a que te impongan creencias. Es un miedo inventado, sacado de la resurrección de los estatutos de las cruzadas en el siglo X, o de las batallas por la conquista de un territorio. Es entender que solo somos lo que tenemos y hemos atesorado con nuestros privilegios de clase, raza y género, con el consabido machismo paternalista. Algo que pone de manifiesto el feminismo y la teoría queer decolonial.

LL: En el caso de las Feministas, no hablaría de derecha, sino más bien de la tiranía de productividad y de una necesidad histórica impuesta a las mujeres en el régimen patriarcal. Sabemos que el sexismo también se encuentra entre parejas de izquierda. En cuanto al miedo, no es un problema reciente. Quizás puede ser resumido en esto: el miedo a no tener que comer. El asombro del hambre cruza toda la historia de seres vivos, sean humanos o animales.  ¿Cuando la floresta amazónica se incendia, qué es lo está en juego?  

APR: Tienes razón, no es algo solo de ahora pero quizá la distancia se está ampliando perdiendo sentimientos de solidaridad y de empatía con el otro. Hablando de esa ausencia me refiero a la manera en la que Franco “Bifo” Berardi, en su libro Futurabilidad, pone de manifiesto el estado de nuestra sociedad desde la destrucción de la empatía hasta las posibilidades abiertas en el futuro. Partiendo de la sensación de impotencia desenfrenada en el presente. ¿Que modos tenemos para recobrar la esencia de vernos en el otro? Pues cada día pienso que es más difícil si no pasa por tu propio cuerpo. Es decir, podemos ponernos en el lugar del otro, pero creo que debemos experimentar realmente las desigualdades, las problemáticas, desde el trato racista a la manera de afrontar nuestros privilegios europeos, blancos y hegemónicos. 

LL: ¿Seguro que estás dispuesto a sentir el trato racista y afrontar tus privilegios de hombre, cis, blanco…? Un día hablando de safe space [lugar de fala] con la artista Aline Baiana, recibí una respuesta parecida. Algunas deudas nunca serán pagas. Sabemos que cuando un individuo contribuye financieramente para una causa, no es suficiente, no se trata de solidaridad política. La empatía parte de condiciones semejantes mientras que la solidaridad supone un desplazamiento de posiciones asimétricas. Tampoco estoy hablando de asistencia social. No sé…

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